MYRIAM PEREZ CAZABON

COREÓGRAFA | BAILARINA | DOCENTE

MYRIAM
PEREZ
CAZABON

COREÓGRAFA
BAILARINA
PROFESORA

para la Se ini­cia en la dan­za entre Donos­tia-San Sebas­tián e Irun. Rea­li­za estu­dios supe­rio­res de dan­za con­tem­porá­nea en CODARTS (Rot­ter­dam).

Myriam desa­rro­lla su tra­ba­jo como coreó­gra­fa, intér­pre­te y docen­te en el ámbi­to de la dan­za con­tem­porá­nea des­de 2004, subra­yan­do su interés por cola­bo­rar con dife­ren­tes Artes como la músi­ca o el arte sono­ro, el tea­tro, el cine, la foto­grafía, las artes plás­ti­cas y la literatura.

Impul­sa­da por inquie­tu­des per­so­na­les y la nece­si­dad de ahon­dar en un len­gua­je coreográ­fi­co pro­pio, comien­za su tra­yec­to­ria per­so­nal como crea­do­ra en 2016. En 2026 reci­be el apo­yo de Dan­tzaz como Artis­ta Faro, impul­so para la con­so­li­da­ción en este ámbito.

“Me inte­re­sa, sobre todo, hacer de la dan­za con­tem­porá­nea una dis­ci­pli­na más cer­ca­na, y ver per­so­nas en esce­na, más que intér­pre­tes. Por eso mi insis­ten­cia en inves­ti­gar qué pasa con el bai­larín cuan­do no tie­ne que bai­lar, qué/quién se escon­de detrás de la coreo­grafía; en cui­dar las esce­nas de más quie­tud y silencio.”

NERI(H)ARI

NERI(H)ARI

aDes­pués de varios años desa­rro­llan­do tra­ba­jos coreográ­fi­cos, en 2016 ini­cia su anda­du­ra como com­pañía, gra­cias al apo­yo y la cola­bo­ra­ción del Gobier­no Vas­co, Gipuz­koa­ko Dan­tza­gu­nea y Donos­tia Kul­tu­ra. Myriam Perez Caza­bon deci­de cons­ti­tuir su tra­ba­jo per­so­nal bajo el nom­bre NERI(H)ARI, don­de dar cabi­da a pro­yec­tos diver­sos e interdisciplinares.

 

Entien­de la dan­za como refle­jo de los entre­si­jos emo­cio­na­les de las per­so­nas, el silen­cio como medio de comu­ni­ca­ción y la quie­tud como for­ma de movi­mien­to, subra­yan­do, sobre todo, la rele­van­cia de la pre­sen­cia y de la mirada.

 

Defi­ne su len­gua­je como dan­za con­tem­porá­nea níti­da, es decir, sutil, trans­pa­ren­te y pre­ci­sa. Así, desea pre­ser­var la poé­ti­ca y el ima­gi­na­rio, la vul­ne­ra­bi­li­dad de la creadora/intérprete y la visi­bi­li­dad de los pro­ce­sos. Tam­bién la inter­dis­ci­pli­na­ri­dad, toman­do la plas­ti­ci­dad del acto de narrar como eje de su inves­ti­ga­ción per­so­nal, y con el fin de refor­zar el valor de trans­mi­sión y comu­ni­ca­ción de la danza.

 

La deci­sión de tra­ba­jar des­de lo peque­ño y lo cer­ca­no es la for­ta­le­za de su mane­ra de hacer y crear, escuchan­do y aten­die­do a las for­mas y los modos de la arte­sanía y de las “Artes de los cuidados”.